jueves, 15 de agosto de 2024

¿Amar a nuestros enemigos significa ser hipócrita?




Todos estamos de acuerdo en que podemos tolerar muchas debilidades en nuestros semejantes exceptuando una cosa:  la hipocresía. Nadie quiere estar con una de estas personas ni mucho menos trabar amistad con alguien que ha adquirido este defecto.

¿Quién puede confiar en aquélla persona que se muestra amable y cortés en presencia de la gente para después no dudar en hacerle daño? La hipocresía se define como el acto de fingir cualidades o sentimientos que no se tienen, ser fingido o falso. Si bien esta definición abarca el hecho de que el hipócrita es una persona poco sincera considero que si no lo meditamos lo suficiente podría dar lugar a confusión.  

En varias ocasiones hemos escuchado una de las afirmaciones más necesarias para vivir en paz con los que nos rodean y no envenenarnos por la antipatía  que nos inspira algunas personas.  Esta frase que salió de labios de Nuestro Señor Jesucristo y que ha sido repetida un sinfín de veces pareciera entrar en contradicción con el valor de la sinceridad. La frase dice así:  “Amad a vuestros enemigos”.  Luego de haber hablado brevemente sobre lo que se entiende por hipocresía, esta frase tan bella puede parecernos absurda e imposible de cumplir por una persona que no quiera ser considerada hipócrita.

Cuántas veces hemos escuchado frases como estas: “Por supuesto que no le ayudaré, no puedo ni ver a esa persona y yo no soy hipócrita”, “Quien va a ser amable con ella! Si es insoportable, tendría que ser alguien muy hipócrita”.  Las frases anteriores nos llevan a una pregunta.  ¿Qué es entonces ser hipócrita en realidad?, ¿Es acaso posible que Jesús nos mandase ser hipócritas?

Creo que para responder a esta pregunta debemos distinguir dos conceptos importantes: La intención y el sentimiento.  Yo lo pondría de la siguiente manera:  Cuando el sentimiento y la acción son diferentes no necesariamente es hipocresía, cuando la intención y la acción son distintas nos encontramos claramente frente a alguien hipócrita.

Me explico, no debemos dejar de lado el hecho de que nuestros sentimientos no siempre están bajo el control total de la voluntad y que por lo tanto no son ellos sino nuestras decisiones las que nos definen, las que nos hacen ser lo que somos.  Por tanto podemos sobreponernos a ellos iluminados por la razón y apoyados por la voluntad.

Por ejemplo: Si tienes un compañero de trabajo que no cuenta con las habilidades interpersonales necesarias para ser considerado simpático ya que siempre está quejándose y se mantiene de mal humor, tú como ser humano muy posiblemente experimentarás sentimientos negativos hacia él, te sentirás inclinado a alejarte y a no prestarle ayuda , de esta manera tus sentimientos y tus actos estarían alineados.

Ahora hagamos una segunda prueba, imaginemos que a pesar de que esta persona no te cae en absoluto bien, te has enterado de que pronto será ascendido y estará en manos de él decidir a cuál de los empleados darle un ascenso.  De pronto te sientes motivado a tratarlo bien, preguntarle cómo se siente, si le puedes ayudar en algo.  Tu intención no es ser bueno con esta persona para que se sienta bienvenida, tu interés radica en lo que tu puedas lograr con este comportamiento. De esta manera tu intención y tus actos no estarían alineados, estarías actuando con hipocresía ya que en lo más íntimo de tu persona no estarías buscando el bien del otro.

Supongamos ahora que, a pesar de que experimentas ciertos sentimientos negativos hacia esta persona, deseas sobreponerte a ellos y decides tratarlo bien sin otro deseo que el de hacer un bien,  deseas el bien para esta persona y decides que serán tus valores y no sus sentimientos los que motiven su conducta.  Si bien aquí hay una diferencia entre los sentimientos (no te cae bien) y las acciones (lo tratas bien), no la hay entre la intención   y los actos ya que estarías deseando el bien para esa persona, por lo que no podríamos decir que  estarías siendo  hipócrita; más bien estarías amando a tus enemigos.

En el caso hipotético que acabamos de describir pueden suceder dos cosas: Puede que el compañero llegue a corresponder a nuestro buen trato y termine por convertirse en un amigo como puede también jamás corresponder y continuar con su mal humor.  Amar a nuestros enemigos no significa prestarnos a abusos, significa no basar nuestra conducta en las debilidades de otro, por lo tanto aunque no  terminemos siendo amigos de esta persona, podremos amarle con el amor que Dios nos manda, un amor expresado en acciones.




¿Amar a nuestros enemigos significa ser hipócrita?

Todos estamos de acuerdo en que podemos tolerar muchas debilidades en nuestros semejantes exceptuando una cosa:  la hipocresía. Nadie quiere...